El uso de fertilizantes, especialmente los ricos en nitrógeno, altera significativamente el ciclo natural del nitrógeno aumentando la cantidad de nitrógeno reactiva en el suelo. Si bien esto aumenta el crecimiento de las plantas y la productividad agrícola, el exceso de nitrógeno que las plantas no absorben puede llegar a las aguas subterráneas como nitratos o correr hacia los cuerpos de agua, lo que provoca problemas como la eutrofización y la contaminación del agua. Además, los procesos microbianos en el suelo pueden convertir el exceso de nitrógeno en gases como el óxido nitroso, un potente gas de efecto invernadero, afectando así el clima. Con el tiempo, el uso excesivo de fertilizantes puede perturbar el equilibrio microbiano del suelo y reducir la salud del suelo a largo plazo, haciendo que la gestión cuidadosa sea esencial para los ecosistemas sostenibles.


Referencias